{"id":47,"date":"2026-01-03T20:52:12","date_gmt":"2026-01-03T23:52:12","guid":{"rendered":"https:\/\/cmoyano.cl\/comunicaciones\/?p=47"},"modified":"2026-01-03T20:57:53","modified_gmt":"2026-01-03T23:57:53","slug":"la-universidad-que-todavia-podemos-sonar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cmoyano.cl\/comunicaciones\/2026\/01\/03\/la-universidad-que-todavia-podemos-sonar\/","title":{"rendered":"La universidad que todav\u00eda podemos so\u00f1ar"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablar hoy de la universidad exige un gesto honesto: mirar de frente la aguda crisis que atraviesan especialmente las universidades regionales y, en general, las universidades p\u00fablicas del pa\u00eds. No estamos simplemente ante una crisis coyuntural o financiera; se trata de una crisis estructural que se profundiza por el descenso demogr\u00e1fico, s\u00ed, pero tambi\u00e9n porque nuestras instituciones fueron dise\u00f1adas para otro tiempo, con l\u00f3gicas y marcos de funcionamiento que hoy resultan insuficientes para sostener con dignidad la misi\u00f3n universitaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A ello se suma un elemento decisivo: un sistema de financiamiento neoliberal, competitivo y fragmentado, que no alcanza para sostener proyectos acad\u00e9micos robustos y que, en lugar de promover cooperaci\u00f3n y articulaci\u00f3n entre instituciones, nos obliga a competir por sobrevivir. Competimos por estudiantes, por fondos, por acreditaciones, por indicadores; competimos cuando deber\u00edamos estar colaborando para fortalecer el sistema p\u00fablico de educaci\u00f3n superior como una red estrat\u00e9gica para el pa\u00eds. Ese marco, que premia la rentabilidad de corto plazo, debilita la posibilidad de pensar la universidad como bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Empujadas por estas condiciones, muchas universidades \u2014particularmente las regionales\u2014 han debido replegar o abandonar parte de su misi\u00f3n de investigaci\u00f3n, no porque hayan renunciado a su valor, sino porque el sistema las obliga a privilegiar aquello que parece \u201crentable\u201d en lo inmediato. Se olvida entonces algo esencial: no existe docencia de excelencia sin investigaci\u00f3n que la nutra; no hay pensamiento cr\u00edtico sin creaci\u00f3n de conocimiento; no hay universidad cuando se rompe el c\u00edrculo virtuoso entre investigar, ense\u00f1ar y formar integralmente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las consecuencias son profundas. Se transforma la formaci\u00f3n profesional en simple preparaci\u00f3n para el mercado, reduciendo a los estudiantes a usuarios de un servicio educativo. Pero formar profesionales no es entrenar mano de obra; es acompa\u00f1ar vidas en desarrollo, construir ciudadan\u00eda, cultivar pensamiento cr\u00edtico, responsabilidad \u00e9tica, sensibilidad cultural, apreciaci\u00f3n del arte y conocimiento de las humanidades como saberes indispensables. Cuando estos componentes son marginalizados, no solo empobrecemos la universidad: empobrecemos la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras tanto, el financiamiento vigente nos empuja hacia una universidad concebida como f\u00e1brica taylorista: obsesionada con m\u00e9tricas, indicadores, rendimientos y \u201cgraduaci\u00f3n oportuna\u201d como meta suprema. Se rigidizan las trayectorias, se reduce el tiempo humano, se castiga la duda, la exploraci\u00f3n, el error, el descubrimiento personal. Lo que deber\u00eda ser experiencia transformadora se convierte en tr\u00e1nsito acelerado por mallas inflexibles orientadas m\u00e1s a cumplir que a crecer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La universidad que so\u00f1amos \u2014y que a\u00fan podemos defender\u2014 debe ir en sentido contrario. Debe ser colaborativa, solidaria, comprometida con sus territorios, articulada con sus comunidades, y capaz de pensar junto a ellas. Debe seguir siendo cimiento del pensamiento cr\u00edtico, espacio donde se construyen lenguajes comunes, donde se ensayan proyectos de pa\u00eds, donde se fortalecen convicciones democr\u00e1ticas y donde la diversidad se asume como riqueza. La universidad no solo transmite conocimiento: habilita conversaci\u00f3n p\u00fablica, produce legitimidad social, sostiene la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Invertir en universidad no es invertir en un fondo mutuo. No se trata de rentabilidad financiera, sino de futuro. Es apostar por una sociedad m\u00e1s justa, por seres humanos m\u00e1s completos, por mayor cohesi\u00f3n social, por ciudadan\u00eda consciente y reflexiva. Es comprender que la investigaci\u00f3n no es lujo, sino condici\u00f3n de autonom\u00eda intelectual; que la cultura y las humanidades no son adorno, sino estructura de sentido; que el conocimiento es un bien p\u00fablico y no mercanc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy, cuando las universidades regionales luchan por subsistir, cuando las p\u00fablicas cargan con presiones crecientes, cuando se precariza el trabajo acad\u00e9mico y se naturaliza la competencia como principio rector, se vuelve urgente defender otra idea de instituci\u00f3n. No es nostalgia: es responsabilidad social, dignidad intelectual y compromiso con el pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La universidad que so\u00f1amos sigue siendo posible. Pero requiere pol\u00edticas p\u00fablicas valientes, financiamiento estable, visi\u00f3n de Estado, defensa del car\u00e1cter p\u00fablico del conocimiento y voluntad institucional para resistir la l\u00f3gica puramente mercantil. Requiere recuperar la convicci\u00f3n de que la educaci\u00f3n superior no se mide por su rentabilidad, sino por su capacidad de construir futuro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si todav\u00eda existe un espacio desde el cual podemos imaginar un pa\u00eds mejor, es la universidad. Defenderla no como reliquia, sino como promesa, es una tarea \u00e9tica y colectiva: creer que la inteligencia, la creatividad, la sensibilidad y la dignidad no son negocios, sino derechos, y que sin ellas no hay proyecto de sociedad posible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Dra. Cristina Moyano Barahona<\/strong><br><strong>Consejera Universitaria<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablar hoy de la universidad exige un gesto honesto: mirar de frente la aguda crisis que atraviesan especialmente las universidades regionales y, en general, las universidades p\u00fablicas del pa\u00eds. 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